LA MIRADA DE UN POETA DESDE EL LENTE SENSIBLE DEL FILOSOFAR
Por Raúl Guzmán González
Poeta, filósofo, magister en
filosofía
Codirector del Proyecto Editorial
89079
Este
texto lo dirijo especialmente a personas sensibles a la experiencia estética,
que quieran continuar el cultivo de su niño interior maravilloso, ese ser que
nos permite mantener viva la curiosidad, el asombro y registrar en el alma más
preguntas que respuestas.
En el arte del filosofar frecuentemente hay una
actitud y mirada de búho que se relaciona con el arte de la fotografía y que
nos invita a entrar al universo de la contemplación con el lente del indagar, las
cámaras del análisis, las luces de la intuición y la actitud lúdica; metafóricamente
parece mágico encontrarse con imágenes, conceptos y realidades diversas,
bellas, fuertes o desagradables a primera vista, pero que al enfocar la idea
central, se logra con la praxis que esos fenómenos se transformen.
El ejercicio poético filosófico del búho en un aula
de clase toma diferentes ángulos, luego se enfoca en personas con relatos que
hablan por sí solos, pues los rostros guardan memorias de afectos que viven,
gozan y padecen en el lenguaje de la piel.
La relación de la mirada poética con la filosófica
a través de un enfoque, transmite ya sea en blanco y negro o en color, ese
juego de la luz, sombra y oscuridad, aquello que es universal a la especie
humana y que nos hace cómplices de un mismo deseo existencial: la búsqueda de
sentido. Tal actitud ante la vida no es otra cosa, que un
permanente viajar hacia el conocimiento de sí mismo, que nos permite ver las
realidades desde otros puntos de vista.
La mayoría de las personas se quedan solo con el
punto de vista cotidiano y común que conoce todo el mundo; no indagan, no se
aventuran a mirar distinto. En cambio, la afirmación radical del poeta-filósofo
con su potencia mueve existencias.
Cada encuentro, cada clase, en parte, es un pretexto para que algunos
talentos expongan libremente sus ideas, generen controversia y funden sueños,
porque en ellos palpita con ímpetu la historia personal de un ser, un fragmento
de su autobiografía que merece exponerse al sol.
En los escenarios que involucran el quehacer
filosófico-poético si éste es auténtico, se experimenta la presencia de una
energía plácida y serena, sin duda, la misma que capta con los ojos del búho,
el instante, para asumir el ahora y sentir la gran alegría de comunicar la
verdad de un mundo, donde la inocencia permanece intacta.
En cada encuentro aparecen diversas facetas de las
historias personales con la manera singular de sentir y pensar, siempre con la
lucidez del niño interior que descubre huellas de paraíso, mientras goza su
paso por la tierra.
La
filosofía inmersa en el programa de educación media o como una carrera
universitaria, tiene la imagen social de algo “muy serio” que según dicen,
enseña a pensar. Sin embargo, es mucho más que eso, porque como lo fue en su
origen, es en esencia amor a la sabiduría y quien se enamora de ella sabe que
la razón es una invidente que debe dejarse guiar por la intuición; facultad que
ilumina las certezas y les da a las dudas un aire de pregunta fundamental. Los
niños son intuitivos por naturaleza, pero la mal llamada educación se encarga
de cortarle las alas a esa poderosa facultad. En ciertos colegios y cada vez
menos, solo se estudia en los últimos grados y ni siquiera enseña a pensar, si
no se limita a dar una información sobre el legado conceptual de algunos
“excéntricos” que escribieron de una manera tan “aburrida” que nadie
sacrificaría un recreo por leer algo de ellos.
Sin
embargo, es posible que exista una que otra institución guiada por maestros
dispuestos a transformar la filosofía en un juego de imaginación poética, desde
preescolar hasta undécimo grado. ¿Cómo denominaremos al juego?
A partir de temas diversos de la cotidianidad y de la historia del pensamiento, se busca que los estudiantes y maestros descubran el caudal poético de sus talentos para comprender el sentido del lenguaje, del mundo y de la sociedad en la que están sumidos y formular las preguntas fundamentales sobre la vida, la sociedad y el universo. La intención no es formar filósofos profesionales, ni poetas de oficio, sino despertar en los participantes actitudes autónomas, creativas, reflexivas, lúdicas y prudentes.
El
método del juego propuesto, comprende un conjunto de relatos filosófico-literarios y
poemas que sirven como textos básicos de lectura y son motivadores para el
diálogo, una selección de películas para organizar cine-foros, técnicas de
imaginación poética, guías para los docentes, padres y madres de familia, que
les facilite las actividades en el aula y en la casa, permitiéndoles involucrarse en la propuesta
educativa y unos procedimientos pedagógicos que denominamos encantamientos, dirigidos a transformar el aula, la casa y la vida en comunidades de
re-creación.
Los
programas de esta actividad lúdica permiten pensar con el corazón, leer las
letras invisibles de los libros, ver con los ojos cerrados, estar en paz sin
creerse fuera del campo de batalla, comunicarse con las energías superiores del
cosmos, celebrar rituales donde filosofar es tan agradable como comerse un
helado y escribir un poema, algo natural como respirar.
Los
niños y jóvenes si se les sabe motivar, son todo entusiasmo y abundancia de
energía, seguramente saben más que los profesores, qué significa mantener una
pregunta viva y permanecer en el asombro al aire libre, sin importar el paso de
las nubes grises.
Juguemos
a ser mensajeros de la sabiduría, intuitivos, sinceros, con buen humor y gran
imaginación para interpretar la vida y descubrir su sentido.
La
actitud de búho lúdico, nos acompañará a defender la felicidad, reivindicar la
palabra como instrumento para revisar eso que llamamos el bien, la verdad y la
belleza e incentivar la comunicación afectiva con uno mismo y con el otro, para
reemplazar relaciones funcionales por relaciones centradas en el amor.
Develamos jugando el mensaje de la poiésis al siglo XXI de experimentar una estética de vida,
que sienta la magia e inocencia para que la espontaneidad y el gozo se descubran
en todo la presencia de la belleza. Así alimentaremos el pensamiento con tacto,
mientras tocamos las ideas como cuerpos, para acariciar a través de las
palabras, la piel de la existencia; es decir, filosofar desde el con-tacto y la
imaginación; dándole a la cotidianidad significado y sentido a la multiplicidad
de caminos que nos brinda la existencia.
De
acuerdo con Ken Wilber “¿Sería acaso posible que pudiésemos contemplar el
Universo entero como la más hermosa y delicada obra de arte? ¿Sería posible
contemplar, en este mismo instante cada cosa y cada evento (sin excepción
alguna) como un objeto intrínsecamente bello?”.



Espero que desde el niño interior podamos contemplar con los ojos del búho lúdico, para acceder al conocimiento de nuestra realidad con un sentido estético y crítico.
ResponderEliminar